La soledad es uno de los grandes males que asolan la sociedad moderna. Resulta casi irónico que, en un mundo hiperconectado, donde las grandes redes sociales nos permiten estar enlazados, las personas se sientan cada vez más aisladas de la gente que las rodea.
Miramos a nuestro alrededor y muchas veces no parece haber nadie. Tenemos miedo de alzar la vista de la pantalla y pedir ayuda, por si lo único que nos llega de vuelta es el eco de nuestra propia petición desatendida. Una petición de auxilio que se propaga indefinidamente, como una señal 5G.
Pasamos las horas navegando por vidas ajenas, por pensamientos ajenos y por contenido que otros fabrican para nosotros. Les pagamos con tiempo y atención; cualquiera diría que nos sale gratis… pero no.
Miramos todo el rato a otros y nos sentimos acompañados durante los próximos treinta segundos, porque tras ese medio minuto aparecerá alguien más con un chiste, un eslogan inteligente, un producto nuevo o un gatito que hace algo tierno. Y, mientras tanto, acallamos las voces que hay en nuestro interior.
Si puedo acallar mi mente, no necesito pedir ayuda. Si no necesito pedir ayuda, no estoy tan solo. Si no me siento tan solo, no me siento vacío. Si no me siento vacío, debe ser porque estoy bien.
Pero ¿qué ocurre cuando no puedo mirar lo que otros me ofrecen? Cuando estoy en la cama intentando dormir o en la oficina, con el supervisor vigilando lo que hago, se abre el telón:
No estoy bien porque me siento vacío por estar solo. Necesito ayuda porque no puedo acallar mi mente.
De pronto, no puedo oír otra cosa que esa cruda realidad. Pero ¿y si, en lugar de oírla, me tomase la molestia de escuchar con atención lo que me estoy diciendo?
¿Y si esa voz que llevamos dentro no estuviera señalando un problema, sino invitándonos a ponernos en marcha para cambiar el mensaje?
Reels, TikToks, likes y streams. Series, realities y tertulias. Lobotomías temporales para escapar de uno mismo y acallar esa voz.
Escucha lo que dice:
Muévete.
Actúa.
Crea.
Ejercítate.
¡Reflexiona!
Siente, camina, sal, lee. ¡Baila!
Alimenta tu alma.
Cuando tienes hambre, comes; cuando tienes sed, bebes…
¿Por qué, cuando sientes esa nostalgia, la ignoras?
CONVERSACIÓN
Comentarios 0
Las palabras también pueden continuar después del punto final.
Cargando comentarios…